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15 de junio de 2011

Citizen Kane - Welles y la mirada de Borges



Citizen Kane (cuyo nombre en la República Argentina es El Ciudadano) tiene por lo menos dos argumentos. El primero, de una imbecilidad casi banal, quiere sobornar el aplauso de los muy distraídos. Es formulable así: un vano millonario acumula estatuas, huertos, palacios, piletas de natación, diamantes, vehículos, bibliotecas, hombres y mujeres; a semejanza de un coleccionista anterior (cuyas observaciones es tradicional atribuir al Espíritu Santo) descubre que esas misceláneas y plétoras son vanidad de vanidades y todo vanidad, en el instante de la muerte, anhela un solo objeto del universo ¡un trineo debidamente pobre con el que en su niñez ha jugado! El segundo es muy superior. Une al recuerdo de Koheleth el de otro nihilista: Franz Kafka. El tema (a la vez metafísico y policial, a la vez psicológico y alegórico) es la investigación del alma secreta de un hombre, a través de las obras que ha construido, de las palabras que ha pronunciado, de los muchos destinos que ha roto. El procedimiento es el de Joseph Conrad en Chance (1914) y el del hermoso film The Power and the Glory: la rapsodia de escenas heterogéneas, sin orden cronológico. Abrumadoramente, infinitamente, Orson Welles exhibe fragmentos de la vida del hombre Charles Foster Kane y nos invita a combinarlos y a reconstruirlo.

Las formas de la multiplicidad, de la inconexión, abundan en el film: las primeras escenas registran los tesoros acumulados por Foster Kane; en una de las últimas, una pobre mujer lujosa y doliente juega en el suelo de un palacio que es también un museo, con un rompecabezas enorme. Al final comprendemos que los fragmentos no están regidos por una secreta unidad: el aborrecido Charles Foster Kane es un simulacro, un caos de apariencias (corolario posible, ya previsto por David Hume, por Ernst Mach y por nuestro Macedonio Fernández: ningún hombre sabe quién es, ningún hombre es alguien). En uno de los cuentos de Chesterton - The Head of Caesar, creo -, el héroe observa que nada es tan aterrador como un laberinto sin centro. Este film es exactamente ese laberinto.

Todos sabemos que una fiesta, un palacio, una gran empresa, un almuerzo de escritores o periodistas, un ambiente cordial de franca y espontánea camaradería, son esencialmente horrorosos; Citizen Kane es el primer film que los muestra con alguna conciencia de esa verdad.

La ejecución es digna, en general, del vasto argumento. Hay fotografías de admirable profundidad, fotografías cuyos últimos planos (como las telas de los prerrafaelistas) no son menos precisos y puntuales que los primeros.

Me atrevo a sospechar, sin embargo, que Citizen Kane perdurará como "perduran" ciertos films de Griffith o de Pudovkin, cuyo valor histórico nadie niega, pero que nadie se resigna a rever. Adolece de gigantismo, de pedantería, de tedio. No es inteligente, es genial: en el sentido más nocturno y más alemán de esta mala palabra.

Jorge Luis Borges - Revista Sur Nº 83, agosto de 1941.


El Ciudadano (Citizen Kane)

Intérpretes: Orson Welles (Charles Foster Kane), Joseph Cotten (Jedidiah Leland / Reportero de noticiario), Dorothy Comingore (Susan Alexander), Agnes Moorehead (Mrs. Mary Kane), Ruth Warrick (Emily Norton Kane), Ray Collins (Boss James 'Jim' W. Gettys), Erskine Sanford (Herbert Carter / Reportero de noticiario), Everett Sloane (Señor Bernstein), George Coulouris (Walter Parks Thatcher), William Alland (Jerry Thompson / Narrador de "News on the March"), Paul Stewart (Raymond), Fortunio Bonanova (Matisti),

Origen: Estados Unidos

Año: 1941

Director: Orson Welles

Guión: Orson Welles, Herman J. Mankiewicz y John Houseman (no figura en la ficha técnica)

Producción: Mercury Productions - RKO Radio Pictures

Música: BH

Montaje: Robert Wise

Duración: 119 minutos.


28 de diciembre de 2009

El perfume del zen – Ozu monogatari II


“Si solamente se pudiese filmar así, como se abren los ojos algunas veces. Sólo mirar, sin querer probar nada”
Wim Wenders

“Filmar es ir a un encuentro. Nada en lo inesperado que no sea secretamente esperado por vos”
Robert Bresson (‘Notas sobre el cinematógrafo’, Ed. Gallimard, 1975)



El viaje, el encuentro descorazonador de dos generaciones, padres e hijos, el regreso y la muerte, la partida como desconsuelo, la doble ausencia, la mirada que erosiona los sentidos y nos los devuelve resignificados, el espacio inocultado, el vacío. Sin principio ni final, la cotidiana circularidad, la cara y el revés de dos tiempos. El cine como un espacio transformador, esclarecedor. Entre esos delicados márgenes se construye ‘Tokyo monogatari’ (‘Cuentos de Tokio’, 1953, Japón), la gran obra cinematográfica de Yasujiro Ozu, y de la narrativa cinematográfica de todos los tiempos, que por estos días me regresa zen.
“El contenido deviene forma, la apariencia se transforma en esencia”, apunta Santos Zunzunegui desde las páginas de la siempre imprescindible revista ‘Nosferatu’ (Nº 11, enero 1993, Paidós). O bien, para decirlo de otra manera, en la filosofía zen la distinción entre significado y nivel expresivo es impertinente pues las cosas no tienen sentido sino forma. Más aun, para la tradición estructuralista de los análisis lingüísticos de Ferdinand de Saussure, el sentido es un problema de la forma. Esto es, los espacios en blanco, la quietud –que Ozu retrata a través de una familia de clase media o media baja japonesa de los ‘50–, que se reclama en el arte de esa tradición zen, tiene por finalidad permitir que sea el propio espectador quien los llene.
La ciudad como metáfora: como un conjunto de soledades, de afectos que se deshabitan entre tantos habitantes. La figura del tren, el viaje, el mar, el olvido. Al menos eso es lo que atraviesa el hondo relato de Ozu: un matrimonio anciano, Tomi (Chieko Higashiyama) y Shukichi Hirayama (Chishu Ryu) que viajan en tren desde su pequeño pueblo, Onomichi, al sur de Japón, donde viven en compañía de su única hija soltera, a visitar a sus hijos profesionales en Tokio. El viaje será al final una dolorosa experiencia: comprobarán cómo los afectos familiares se resquebrajan con el paso del tiempo. Visitan a sus hijos ocupados que les prefieren lejos de sus casas y sus vidas, sus nietos les demuestran indiferencia, y solo Noriko (Setsuko Hara), la nuera viuda de otro de sus hijos muerto en la guerra, les dispensará el trato afectuoso. La visita los sumirá en una desilusión: criamos a nuestros hijos con valores tan distintos o los que hoy tienen como propios. En el camino de regreso al hogar, Tomi, la madre, enfermará, ya en su casa en su pueblo su salud empeorará, hasta finalmente morir rodeada de sus hijos que llegarán llamados de urgencia.
El desenlace del funeral, la impaciencia de los hijos en el mismo, todos regresando a trabajar y seguir con sus vidas, la nuera acompañando a Shukichi antes de partir y la soledad final de éste clausuran un relato en el cual opera una compleja trama que pone mucho en juego desde su núcleo narrativo. Aquí no importa saber de escenas de inicio o final. Lo que en apariencia carece de mayores saltos narrativos, posee un transcurrir de la propia vida sumamente profundo. No hay demasiada acción pero tampoco importa eso: es que Ozu pinta sus cuadros sentado en el tiempo y no en el movimiento, en el sentido que Gilles Deleuze lo expuso al decir que “la imagen-acción desaparece en provecho de la imagen puramente visual de lo que es un personaje, y de la imagen sonora de lo que éste dice, siendo lo esencial del guión una naturaleza y una conversación absolutamente triviales”.

“¿Acaso no es decepcionante la vida?” dice alguien sobre el final de ‘Tokyo monogatari’. El contraste es notable: de los rituales comunes de una sociedad milenaria y de post-guerra a la vez, se pasa a una estruendosa urbanidad de egoísmos, de soledades, de vidas de fines materiales. Sobre esa hondura llena de pliegues y aristas, cobra vida acaso una de las obras emblemáticas del cine y del shomin-geki –género del cine nipón que trata de la vida de la de la gente del común–, y que tardíamente se conoció en occidente. Ozu decía que su cine tenía una impronta demasiado local como para poder ser comprendido en esta parte del planeta. No obstante, recién en 1972 fue el norteamericano Donald Ritchie, crítico y académico de cine, quien a través del Festival de Venecia hizo conocer la mirada de Ozu a occidente. El director japonés había muerto hacía ya nueve años.
Más aquí en el tiempo está ‘Tokyo-ga’ (1985), el filme del contradictorio Wim Wenders que me permitió aproximarme a Ozu cuando tenía 19, y tiempo después reconocer la distancia prudente que no hay que traspasar. Atsuta, el cameraman de Ozu que ubicó la cámara a 50 cm. por encima del tatami como se lo pidió el director, en el documental le enseña el trípode y el cronómetro a Wenders con los que se convertía en el dueño y señor del espacio y del tiempo. El encuentro no es de lo mejor: entre sollozos, Yuharu ruega al director que le deje solo. Tambien Ryu (el anciano de ‘Tokyo monogatari’), quien sería el actor fetiche de Ozu, le habla de la obsesión que tenía el director por la perfección al hacer continuas repeticiones de tomas que Wenders lleva sacrosantamente hasta los honores funerarios mostrando un infinito inclinarse arriba y abajo ante su solitaria tumba. Sin embargo, este filme documental revela que ciertos temores de Ozu se cumplieron.

‘Tokyo monogatari’ es una película sobre el tiempo y sus efectos: el arrollador paso que produce sobre los afectos. Hasta puede que carezca de nudos dramáticos definidos desde la ortodoxa tradición del guión, al menos para los estándares del cine occidental: es que nada extraordinario ocurre; por el contrario hay una aparente inmovilidad en cada fotograma. Sin embargo, esa mirada sobre ‘espacios muertos’ como corredores, pasillos, entradas, escaleras, concluyen por ser símbolos de nuestra pequeñez e impotencia frente al discurrir del tiempo, nuestra fugacidad de existir (González Arroyave, J., Revista Universidad de Antioquia Nº 272, 2003).
Para Ozu, el movimiento de la cámara implicaba una manipulación y hasta una intromisión sobre la realidad; de allí su decisión poética de fijar la cámara a la altura de un hombre sentado en el suelo, sobre un tatami japonés y filmar con un objetivo fijo de 50mm. Todo el accionar transcurre frente a la lente fija de la cámara. En interiores no se desplaza ni horizontal ni verticalmente, ni mucho menos hacia delante o atrás. Permanece estática mientras la acción pasa frente a ella, escenificada como en un montaje teatral. Si un personaje se desplaza y cambia de habitación, la cámara lo antecede y espera a que llegue frente a ella. Muy pocas veces hay un plano-contraplano dentro de la misma escena y cuando lo hace es para permitir la llegada de otro personaje o impedir que su entrada al campo visual impida ver lo que está ocurriendo.

Deleuze, entrevistado por Gilbert Cabasso y Fabrice Revault d’Allones para la revista ‘Cinema’ (Nº 334, 18 de Diciembre de 1985), sostiene en principio que “la narración es, en el cine, como lo imaginario: se trata de una consecuencia muy indirecta que se deriva del movimiento y del tiempo, no al revés. Lo que el cine narra es sólo aquello que le permiten narrar los movimientos y los tiempos de la imagen. Si el movimiento se regula mediante un esquema sensomotor (si presenta un personaje que reacciona ante una situación), entonces tendremos una historia. Al contrario, si el esquema sensomotor se desploma en provecho de movimientos no orientados, discordantes, entonces tendremos formas diferentes, devenires más que historias”.
Sin embargo, hay una ruptura: la guerra. Y pone el ejemplo en el neorrealismo que da cuenta de la inutilidad de los esquemas sensomotores: “los personajes ya no ‘pueden’ reaccionar ante unas situaciones que les sobrepasan, porque son demasiado horribles, o demasiado bellas, o irresolubles”. Lo que nace es tiempo puro, un poco de tiempo en estado puro, y no ya movimiento. “Esta revolución cinematográfica se estaba preparando, en otras condiciones, en Welles, y en Ozu mucho antes de la guerra. Welles produce un espesor temporal, capas distintas de tiempo que coexisten, reveladas por la profundidad de campo, en un escalonamiento propiamente temporal. Lo que tienen de cinematográfico las célebres naturalezas muertas de Ozu es que expresan el tiempo como forma inmutable en un mundo que ya ha perdido sus referencias sensomotrices”.
Hay demasiado ruido afuera, y solo basta el silencio para reconocernos, parece decirnos Ozu. La tensión entre presente y pasado, la emoción humana, la poesía, la vida en su más profunda esencia. Esclarecedor como su cine, es su legado final: en su tumba en Tokio no hay ninguna inscripción con su nombre, sólo un par de caracteres: Mu: el vacío, la nada. Lo que queda hoy, lo que somos, de lo que estamos hechos. La plenitud inesperada. O lo que Roland Barthes en ‘L’empire des signes’ (Génova, Skira, 1970) definió como el combate fundamental del zen: la lucha contra la prevaricación del sentido.


Fotografía: fotograma del film ‘Tokyo monogatari’ (東京物語, Cuentos de Tokio, Tokyo story), 1953, dirigido por Yasujiro Ozu.

4 de diciembre de 2009

Wabi-Sabi – La belleza infinita - 東京物語


Alrededor, ninguna planta en flor
Ningún destello de las hojas de arce,
Únicamente una solitaria choza de pescador
En la orilla a media luz
De este principio de otoño.

Fujiwara no Thika
(1162-1241)


El camino permanente, inconcluso, sin fin. La belleza de las cosas imperfectas, incompletas, finitas. La filosofía Zen: la búsqueda de belleza y la verdad sagrada dentro de uno mismo. El sendero Wabi-Sabi. Tenderse al pasto a la brisa a vos. Dejarme llevar sobre el cuenco de tus brazos al amanecer. El movimiento permanente. La belleza infinita, finita. La belleza como un estado de alteración de la conciencia, como un acto de extraordinario de poesía y gracia. La esencia de las cosas mínimas, como la ceremonia del té (sadoo o chanoyu).
Difícil resumir y explicar para nuestro occidentalismo la sabiduría Wabi-Sabi: la belleza como el suceso de lo que ocurre entre uno y otra cosa en una situación, circunstancia o contexto; como un hecho dinámico que se produce entre uno mismo y algo más.
Los pliegues simples de la vida, allí es donde habita lo extraordinario, la verdad de la naturaleza: ‘Wabi’, la belleza de las cosas imperfectas, simples, naturales; ‘Sabi’, la pátina que las cubre con el paso del tiempo.Como una ceremonia del té, desde el siglo X iniciada por los monjes procedentes de China, cuya historia atravesó desde guerras del 1400 al 1500 hasta convertirse en símbolo de paz. Ritual sagrado, ceremonia sagrada.
Aceptar lo inevitable. La apreciación estética de la evanescencia de la vida. El árbol exuberante del verano que más tarde será solo ramas desnudas de invierno. Contemplar nuestra propia mortalidad, evocar una soledad existencial, la delicada tristeza. La oscilación pendular del sentimiento triste-bello.
La percepción del orden cósmico. Como los mandalas hindúes, esquemas cósmicos. No hay nada monumental ni duradero, no hay eclosión ni exuberancia, sino momentos de asentamiento y principio. Wabi-Sabi es lo intrascendente y lo oculto, lo provisional y lo efímero: cosas tan sutiles y evanescente es que resultan invisibles para la mirada ordinaria. La paciencia oriental, estado zen. Cambiar la mirada, acercar la mirada.La belleza está en el movimiento menor, en los utensilios desiguales. Imperfección.
La simplicidad está en la esencia de las cosas Wabi-Sabi. La nada, obviamente, es la simplicidad máxima. Pero antes y después de la nada, la simplicidad no es tan simple. Parafraseando a Rickyu, la esencia de Wabi-Sabi, como se expresa en el ritual del té, es la simplicidad en sí misma: ir a por agua, recoger ramas, hervir el agua, preparar el té, y servir los demás. Los detalles adicionales quedan a la invención de cada cual.La simplicidad Wabi-Sabi, probablemente, queda mejor definida como el estado de gracia al que llega una inteligencia sobria, modesta y sinceramente sensible.
El Wabi-Sabi reconoce que es tan importante saber cuándo elegir, como saber cuándo “no” elegir: dejar que las cosas ocurran. Incluso en el nivel más austero de existencia material, seguimos viviendo el mundo de cosas. El delicado equilibrio entre el placer que nos proporcionan las cosas y el placer que conseguimos a liberarnos de ellas.

….

“Las cosas evolucionan hacia o desde la nada. Cuando el anochecer se acerca a los valles, el viajero se pregunta dónde buscar cobijo para pasar la noche. Ve altos juncos creciendo por todos lados, los junta en una brazada, erguidos tal y como se mantienen en el campo, y los ata por arriba. Presto, una choza de hierba viva. A la mañana siguiente, antes de embarcarse en una nueva jornada de viaje, desata los juncos y presto, la choza se deconstruye, desaparece y vuelve a convertirse en una parte prácticamente indiferenciable del amplio campo de juncos. El paisaje original parece restaurarse de nuevo, pero quedan trazas minúsculas del refugio. Algún junco doblado o entrelazado aquí y allá. Queda también la memoria de la choza en la mente del viajero, y en la mente del lector que lee la descripción. El Wabi-Sabi, en su forma más pura e idealizada, se refiere precisamente a estas delicadas trazas, a esta evidencia evanescente, en las fronteras de la nada.El universo, mientras destruye, también construye. Nuevas cosas emergen de la nada. Pero no podemos determinar realmente, mediante una observación superficial, si algo está evolucionando hacia o desde. Si no supiéramos que es de otro modo, podríamos confundir un niño recién nacido, pequeño, arrugado, doblado y un poco grotesco, con una persona muy vieja al borde de la muerte. En representaciones Wabi-Sabi, quizás arbitrariamente, la dinámica de la evolución "hacia" tiende generalmente a manifestarse en cosas un poco apagadas, más oscuras y poco llamativas. Las cosas en evolución "desde" tienden a ser un poco más luminosas y brillantes, un poco más claras y ligeramente más llamativas. Y la nada en sí misma -en vez de ser un espacio vacío, como en occidente- vibra lleno de posibilidades. En términos metafísicos, el Wabi-Sabi sugiere que el universo está en movimiento constante hacia o desde lo potencial”.

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“La verdad proviene de la observación de la naturaleza
1. Todas las cosas son mudables. La tendencia hacia la nada es implacable y universal. Incluso cosas que tienen todas las características de la sustancia -cosas que son duras, inertes, sólidas- no ofrecen más que una "ilusión" de permanencia. Podemos cerrar los ojos, utilizar argucias para olvidar, ignorar o fingir, pero finalmente todo acaba en la nada. Todo se gasta. Los planetas y las estrellas, e incluso las cosas intangibles como la reputación, la herencia familiar, la memoria histórica, los teoremas científicos, las pruebas matemáticas, las bellas artes y la literatura (incluso en su forma digital): a la larga, todos se desvanecen en el olvido y la no existencia.
2. Todas las cosas son imperfectas. Nada de lo que existe está libre de imperfecciones. Cuando miramos realmente de cerca las cosas vemos sus defectos. El afilado filo de una cuchilla, cuando se amplía, revela agujeros microscópicos, astillas y desconchados. Cada artesano conoce los límites de la perfección: las imperfecciones saltan a la vista. Y cuando las cosas empiezan estropearse y se acercan a su estado primordial, se vuelven incluso menos perfectas, más irregulares.
3. Todas las cosas son incompletas. Todas las cosas, incluso el universo mismo, están en un estado constante, perpetuo de transformación o de disolución. A menudo señalamos arbitrariamente momentos, puntos a lo largo del camino, como "acabados" y "completos". ¿Pero cuando llega finalmente a completarse el destino de algo? ¿Está la planta completa cuando florece? ¿Cuándo se convierte en semilla? ¿Cuando la semilla germina? ¿Cuando todo se convierte en abono? La noción de conclusión no tiene cabida en el Wabi-Sabi”.


Con extractos del libro “Wabi Sabi para artistas, diseñadores, poetas y filósofos”, de Leonard Koren.
Imagen: fotograma del film 'Tōkyō Monogatari' (東京物語, Cuentos de Tokio), 1953, dirigido por Yasujiro Ozu.

12 de abril de 2009

Juego sucio


"Se que el amor es un juego sucio; tienes que mancharte las manos. Si te mantienes a distancia, no sucede nada interesante. Además, debes encontrar la distancia adecuada entre las personas. Si están demasiado cerca, te aplastan; si están demasiado lejos, te abandonan"

Hanif Kureishi (Intimidad)



Encuentro unos apuntes viejos, hilvanados de palabras absurdas. El tiempo, como el amor, empiezo a entender, obra misteriosamente. He dejado de hacer balances hace mucho. Quizá sea mi cierto grado de inconsciencia la que me lo impida. Nada ha terminado y todo siempre está empezando, como si hubiera un latente fin y un principio a la vez. Creo que todos estamos mas o menos caminando por una cinta de Moebius.
He dejado de ser niño hace mucho y sin embargo por momentos siento que aún camino a tientas, abriéndome en la oscuridad. Todos de alguna manera lo hacemos, cada uno a su modo. A veces me parece que crecer, dejar atrás la infancia, la inocencia, ha sido como ir saliendo de un campo abierto, soleado, para adentrarse en un bosque ensombrecido por árboles que en vez de copas tiene secretos y verdades que vamos conociendo a medida que crecemos. Sombras que nos guarecen, inevitablemente. Y solo el andar nos aleja de ellas.
“La historia de la memoria es la de la mirada” dice Auster en algun lado, no recuerdo dónde, dándonos pistas de la necesidad de narrarnos, de construir nuestro propio relato, simbólico, como animales del lenguaje que somos. De hacernos a nosotros mismos, mientras podamos. Esto, si lo pensás bien, no es más que eso. Y es todo esto que somos: escrituras, caligrafías físicas, narraciones que nos develan, cuerpos-relatos, descubrimientos de lo que somos, desciframientos borgeanos, laberintos, enigmas, lo que no conocemos, lo que develamos, la historia que construimos en nosotros, y en los otros.
Después de todo, la lucha de la memoria es contra el olvido. Es como dejar la escollera atrás, hacerse a la mar, al camino, saber que los días y las noches serán largas, lo suficientes para narrarnos en la bitácora.
Como mirarse a uno mismo desde su propio vacío. Kundera dice que “lo que solo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre solo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto”.
La noche afuera me lleva a tus adentros.

….

“Sintió en su boca el suave olor de la fiebre y lo aspiro como si quisiera llenarse de las intimidades de su cuerpo. Y en ese momento se imaginó que ya llevaba muchos años en su casa y que se estaba muriendo. De pronto tuvo la clara sensación que no podría sobrevivir a la muerte de ella. Se acostaría a su lado y querría morir con ella. Conmovido por esa imagen hundió en ese momento la cara en la almohada junto a la cabeza de ella y permaneció así durante mucho tiempo.... ....Y le dio pena que en una situación como aquella, en la que un hombre de verdad sería capaz de tomar inmediatamente una decisión, él dudase, privando así de su significado al momento mas hermoso que había vivido jamas (estaba arrodillado junto a su cama y pensaba que no podría sobrevivir a su muerte).Se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera que quería: El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero que valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro”.

“La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes”.

“Este fue el interrogante que se planteó Parménides en el siglo sexto antes de Cristo. A su juicio todo el mundo estaba dividido en principios contradictorios: luz-oscuridad; sutil-tosco; calor-frío; ser-no ser. Uno de los polos de la contradicción era, según él, positivo (la luz, el calor, lo fino, el ser), el otro negativo. Semejante división entre polos positivos y negativos puede parecernos puerilmente simple. Con una excepción: ¿qué es lo positivo, el peso o la levedad? Parménides respondió: la levedad es positiva, el peso es negativo. ¿Tenía razón o no? Es una incógnita. Sólo una cosa es segura: la contradicción entre peso y levedad es la más misteriosa y equívoca de todas las contradicciones”.

‘La insoportable levedad del ser’ (1984). Milan Kundera.

29 de diciembre de 2008

El amor es una cuestión de coordinación - 2046


– “Una vez me enamoré, pero ella me dejó. Fui a 2046, pensé que quizás estaría esperándome ahí. Pero no la encontré. ¿Me amaba? Nunca lo averigüé. Quizás no debía saberlo. No puedo dejar de preguntarme si me amaba. Quizás la respuesta es un secreto que nadie debía saber”.

– “¿Puedes decirme lo que sientes? ¿Me amas…, o no? Tengo miedo de tu respuesta… pero tengo que pedírtelo: ven conmigo.”

– "El amor es una cuestión de coordinación. De nada sirve encontrar la persona si no es el momento adecuado".

– "No recuerdo hace cuánto estoy en este tren. Empiezo a sentirme muy solo..."

– “Necesito verte. Si sigues pensando que no debemos estar juntos, dímelo con franqueza. Ese día, hace seis años, un arco iris iluminó mi corazón. Aún sigue ahí. Como una llama que arde en mí. ¿Qué sientes tú por mí? ¿Un arco iris después de la lluvia? ¿O… acaso… ese arco iris se borró hace tiempo? Espero tu respuesta”.

– "El amor es una cuestión de tiempo"


Fragmentos de diálogos del filme “2046”, escrita y dirigida por Wong Kar-wai (2004)
Interpretación: Tony Leung (Chow Mo Wan), Gong Li (Su Li Zhen), Takuya (Tak Kimura), Faye Wong (Wang Jing Wen),
Música: Peer Raben y Shigeru Umebayashi.
Fotografía: Christopher Doyle, Lai Yiu Fai y Kwan Pun Leung.

Algunas canciones:
“Perfidia” por Nat King Cole:
http://www.goear.com/listen.php?v=f204107
“Sabor a mí” en la versión del Trío Los Panchos:
http://www.goear.com/listen.php?v=b7c4679
“Contigo en la distancia” x Lucho Gatica:
http://www.goear.com/listen.php?v=f204107
“Algo contigo”, versión Calamaro:
http://www.goear.com/listen.php?v=6797e0b

3 de diciembre de 2008

La maravillosa reina del ‘indie’ Rosario Bléfari

Definitivamente, es la reina del ‘indie’ rock argentino, latinoamericano. Acaba de llegar de Berlín del festival de música electrónica experimental Worldtronics, donde destelló con Lucrecia, una colombiana radicada en Barcelona. La ex líder de Suárez, Rosario Bléfari y de ella se trata esto, no se está quieta afortunadamente. Bajó de Europa esta semana, irá en unos días a mi hermosa La Plata, luego Million, y unos días después, el sábado 13 estará en Salta después de tanto, y el 19 en Tucumán.
Rosario es una de las artistas más completas y emblemáticas que generó la escena del rock independiente criollo desde los noventa –cuando lideraba el grupo de rock alternativo Suárez con el que editó 4 discos–, hasta nuestros días como una artista solista. Además de ser cantante, es actriz, escritora y dramaturga. Pero ante todo, es una productora de cultura en Argentina que usa como pocos una plataforma y un modo de creación: autogestión + experimentación + riesgo artístico + voluntad.
Es muy saludable sentir a Rosario con un disco nuevo bajo el brazo. “Calendario” –sucesor de ‘Cara’ (2002), ‘Estaciones’ (2004), del compilado ‘4 Women no cry’ (2005), ‘Misterio Relámpago’ (2006) y el EP ‘Versiones Relámpago’ (2006)– apareció en noviembre, con canciones creadas como dice ella en formato de conversación, en la que el amor juega un rol protagónico. Definitivamente este disco está habitado de hermosas canciones donde el amor y las relaciones tienen un papel en las historias. “Memorias y deseos consisten por igual en un presente atento a las presencias invisibles de lo que fue y de lo que será o podría ser”.
Pasemos en limpio: Rosario Bléfari es una artista difícil de clasificar. Con su ex banda Suárez en los noventa rompió estructuras en el rock y mostró una metodología novedosa y viable de producción discográfica. Participó en varias obras de teatro, editó un libro de poesías y dos obras de teatro, además de escribir numerosos artículos y ensayos en diarios y revistas. Y en cine, actuó en 11 películas y 2 telefilmes a las órdenes de directores como María Luisa Bemberg, Albertina Carri y Martín Rejtman. Justamente con Rejtman se destacó por su labor actoral en su filme “Silvia Prieto”, por el que fue premiada por su interpretación en el Festival Internacional de Cine de Nantes.
Ella misma define a “Calendario”: en este disco el tiempo sigue siendo un factor (como en “Estaciones”) pero deja de ‘hacer pie’ y se suspende a partir de la pérdida del golpe de batería, que aparece sólo como fragmento, en nociones de ritmos que emergen y desaparecen o en el último tema como insistencia primitiva. Las guitarras eléctricas también se desligan de la función rítmica en el sentido más estricto y aportan aire, flotación, comentario”.
Y apunta: “Lugares que se dejan atrás, fines de año, atmósferas compartidas, deseos irrealizables, fragilidad de ánimo, conversaciones con aparecidos y con personas por conocer, devoción antes que obligación. Como dice el último tema, descenso: ‘la unidad de tiempo es la respiración y el latido de mi inclinación’. Se llama Calendario porque quise hacer mi propio calendario, ya que Julio César nos dejó el suyo y empecé a grabarlo en su mes y quise intentar armar mi propia cuadrícula y hacerlo a mi tiempo sin dependencias externas. En este caso tomarme mi tiempo fue no esperar. Tomarse su tiempo significa no ser apurado por causas externas, en este caso: Tomarme mi tiempo, hacer mi calendario, fue no ser demorada por causas externas en la medida de lo posible”.
Viene bien que la reina del reino ‘indie’ nos anticipe la preciosa canción Reservado de su nuevo disco “invisibles de lo que fue y de lo que será o podría ser” canta Rosario Blefari. Lo bueno es que el sello Ultrapop tiene una sección de descargas en su sitio web, desde el cual se pueden bajar adelantos en MP3 de todo su catálogo, entre los que se encuentra el nuevo álbum de Rosario Bléfari. Para descargarlo tenés que ir a esta página y dejar un e-mail, y de inmediato te llegará el link. Y sino desde aquí hacés la operación download: http://rapidshare.com/files/155311427/Rosario_Blefari_-_Reservado.mp3.html
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Próximas fechas:
07/12/08 – Rosario en La Plata – Frida Bar 5 e/54 y 55 – 21 hs.
09/12/08 – Presentación de las pinturas de Matías Perego que integran el booklet de ‘Calendario’ en Milion, Paraná 1048, con Rosario & Javier tocando algunos temas en formato acústico. Buenos Aires.
13/12 – Salta – Recital de poesía, a las 19, en el Festival de Poesía del Norte Grande. Y a las 24hs, Concierto Íntimo, en El Teatrino (12 de Octubre y Alvear).
19/12 – Tucumán.
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Más info: www.myspace.com/rosarioblefari
Video data: http://www.zonaindie.com.ar/video-de-rosario-blefari-en-casa-brandon
Video ‘Lobo’: http://es.youtube.com/watch?v=Jwvnc3iTh2A
‘Exacto’: http://www.goear.com/listen.php?v=62f081d
‘Devilidad’ http://www.goear.com/listen.php?v=f352361
‘Estaciones’: http://www.goear.com/listen.php?v=44ff095
‘Convicciones’: http://www.goear.com/listen.php?v=aeddb69

4 de octubre de 2008

No te recordaré para no olvidarte


Hay historias que como el movimiento del mar, ese que vemos en la playa, desde nuestras orillas, aparecen ante nosotros incesantes, hipnóticas, infinitas. Historias que llegan a humedecernos el pecho y aunque parezcan finitas, recobran vida en momentos impensados. Asaltan nuestra memoria royéndonos alientos, musitándonos al oído “me gustas” o “me estás matando”. La que cuenta ‘Hiroshima Mon Amour’, esa conmovedora película dirigida por Alain Resnais en base al guión de Marguerite Duras, es una de ellas. Como el mar meciéndose, esta película trae una historia de amor imposible; la persistencia de la memoria atravesando a esa mujer y a ese hombre, a sus sombras y desolaciones, que viven un amor fortuito que saben tendrá destino de olvido.

……

Ella (en voz baja) — Oye... Igual que tú, yo conozco el olvido.
El — No, tú no conoces el olvido.
Ella — Igual que tú, estoy dotada de memoria. Y conozco el olvido.
El — No, tú no estás dotada de memoria.
Ella. — Como tú, también yo intenté luchar con todas mis fuerzas contra el olvido. Y he olvidado, como tú. Como tú, deseé tener una memoria inconsolable, una memoria de sombras y de piedra.
(…) Luché por mi cuenta, con todas mis fuerzas, cada día, contra el horror de no comprender ya en absoluto el por qué de recordar. Y como tú, he olvidado...

………

‘Hiroshima Mon Amour’ viene dando vueltas en mi cabeza hace rato ya aunque no la he visto en mucho tiempo. Me andan rondando ideas acerca del amor, la memoria y el olvido. ‘Hiroshima’ es una película sobre las consecuencias de la segunda guerra, lo es también sobre la historia de un encuentro amoroso entre dos personas que quieren olvidar su doloroso pasado, y es también un filme sobre el amor en todas sus etapas, sobre la memoria y el olvido.
Ella carga con su Nevers natal, en Francia, arrasada por la guerra. Él, con el horror de su familia perdida en Hiroshima. El amor les llega como bálsamo a tanto dolor, al flagelo casi físico de la memoria que aturde por la sola imposibilidad de olvidar. No quieren sufrir, y para hacerlo no quieren recordar para no tener que olvidar. El dolor y la memoria se entretejen circulares con el encuentro amoroso.
“Imposible hablar de Hiroshima. Lo único que se puede hacer es hablar de la imposibilidad de hablar de Hiroshima”, escribe Duras en el guión. La mirada de Resnais rehace la pasión desmesurada de Duras y encuentra en los cuadros, en el montaje, y en los personajes, un precioso y acompasado movimiento con la rara belleza de los textos que inundan cada escena; palabras que escriben y reescriben una historia, dos historias, necesarias, aunque te acaben, te maten, te humillen, te quemen. Hay una danza latente, trágica, que este filme –en la construcción de sus propios espacio y tiempo–, necesita y repite como un mantra: la pérdida irreparable, la necesidad del olvido. El alivio de dejar atrás lo que deseas dejar atrás.

26 de septiembre de 2008

Me gustas - Hiroshima mon amour



EL — Tú no has visto nada en Hiroshima. Nada.
ELLA — He visto todo, todo... también el hospital, estoy segura. El hospital existe en Hiroshima. Imposible no verlo.
EL — No has visto ningún hospital en Hiroshima. Tu no has visto nada en Hiroshima.
ELLA — Cuatro veces, en el museo.
EL — ¿Qué museo en Hiroshima?
ELLA — Cuatro veces en el museo de Hiroshima, he visto pasear a la gente, pensativa, entre las fotografías y las maquetas, a falta de otra cosa. Las explicaciones, a falta de otra cosa. Cuatro veces en el Museo de Hiroshima he observado a la gente, a mí misma, pensativa. El hierro... el hierro quemado, vulnerable como la carne. Cápsulas como flores... ¿quién lo hubiera pensado? Pieles humanas flotando, sobreviviendo... conservando aún la frescura de sus sentimientos.Piedras... piedras quemadas... piedras destrozadas. Cabelleras anónimas de las mujeres de Hiroshima, que habían perdido totalmente a la mañana al despertarse. Sentí mucho calor en la Plaza de la Paz. Diez mil grados en la Plaza de la Paz. Yo lo sé. La temperatura del sol en la Plaza de la Paz. ¿Cómo ignorarlo? La hierba, así de simple.
EL — Tú no has visto nada en Hiroshima. Nada.



ÉL.— ¿Por eso me dejaste subir a tu habitación anoche...? ¿porque era tu último día en Hiroshima?
ELLA. — No, en absoluto. Ni siquiera lo pensé.
ÉL. — Cuando hablas, me pregunto si estás mintiendo o si dices la verdad.
ELLA. — Estoy mintiendo. Y digo la verdad. Pero a ti no hay razón para que te mienta. ¿Para qué?
ÉL. — Dime... ¿te pasan a menudo historias como... ésta?
ELLA. — No muy a menudo. Me gustan los chicos...
(Pausa)
ELLA. — Soy de dudosa moralidad, ¿sabes?
(Sonríe)
ÉL. — ¿A qué llamas tú una dudosa moralidad?
(Tono muy ligero)
ELLA. — A dudar de la moralidad de los demás.
(Él se ríe con ganas)
ÉL. — Me gustaría volver a verte. Aunque el avión salga mañana por la mañana. Aunque seas de una dudosa moralidad.


ELLA — Y te encuentro a ti.
Te recuerdo. ¿Quién eres?
Me estás matando.
Eres mi vida.
¿Cómo iba yo a imaginarme que esta ciudad
estuviera hecha a la medida del amor?
¿Cómo iba a imaginarme que estuvieras hecho a la medida
de mi mismo cuerpo?
Me gustas. Qué acontecimiento. Me gustas.
Qué lentitud, de pronto.
Qué Dulzura.
Tú no puedes saber.
Me estás matando.
Eres mi vida.
Tengo tiempo de sobra. Te lo ruego.
Devórame.
Defórmame hasta la fealdad.
¿Por qué no tú?
¿Por qué no tú, en esta ciudad y en esta noche tan semejante a las demás que se
confunde con ellas?
Te lo ruego...



ELLA — Hi-ro-shi-ma. Tengo que cerrar los ojos para acordarme... (frase no incluida en el film). Quiero decir acordarme de cómo, en Francia, antes de venir aquí, me acordaba de Hiroshima. Siempre pasa lo mismo con los recuerdos...


Fragmentos del guión del film de Alain Resnais, escrito por Marguerite Duras.
Hiroshima mon amour (1959)
Dirección: Alain Resnais
Guión: Marguerite Duras
Elenco: Emmanuelle Riva, Eiji Okada

6 de agosto de 2008

Mundo Martel – Una semana de Cine Argentino en Salta


En apenas horas, el Mundo Martel hará desembarco en Salta. En realidad, lo harán una oleada de películas argentinas que entre el 7 y 14 de agosto pasarán por varias salas dentro de la edición 12 de la Semana de Cine Argentino. Destaca desde luego la llegada de esta chica parida en estas tierras y que conocemos como Lucrecia Martel con su más reciente film, y que hoy se la reconoce entre la multitud como “la laureada directora salteña de renombre internacional”.
Por esta Semana de Cine pasarán películas como “Leonera” de Pablo Trapero, “Martín Fierro” de Noman Ruiz y Liliana Romero, “Luca” de Rodrigo Espina, “Yo soy sola” de Tatiana Mereñuk, “El destino” de Miguel Pereira, “Regresados” de Cristian Bernard y Flavio Nardini, “1973, un grito de corazón” de Liliana Mazure, y “Los Andes no creen en Dios” de Antonio Eguino. Pero la avant-premiere nacional de “La mujer sin cabeza”, de Martel -mas una retrospectiva de sus dos anteriores trabajos- es el preciado tesoro de la muestra.
Conviene dejarse llevar en estos días si estás por aqui. Sino veamos: Lucrecia se tomó las cosas con calma y no le ha ido nada mal. Dirigió en 1995 ‘Rey Muerto’ dentro del largo ‘Historias Breves’. En 2001 dirigió ‘La Ciénaga’, opus consagración que la reveló al mundo. 2004 fue el año de ‘La niña santa’, un escalón más arriba que la anterior.
Y ahora el tuno es para ‘La mujer sin cabeza’, la nueva película de la aclamada Lucrecia Martel cuya historia narra lo que le ocurre a una mujer después de pasar la tarde en una piscina con sus amigas: mientras conduce de vuelta a su casa, durante el trayecto golpea a “algo o a alguien”. Asustada, sigue adelante sin detenerse. Los siguientes momentos serán confusos y ella sin saber qué hacer, sobre todo cuando aparece el cadáver de un adolescente muy cerca donde ella tuvo el accidente. Esa noche ella le dice a su marido que ha matado a alguien en la ruta. Él la acompaña al lugar, pero sólo hay un perro muerto.
De allí en más, la protagonista se debatirá por saber qué pasó realmente; una metáfora que Martel asocia a los tiempos de la dictadura. “Cuando entendí que en verdad la película estaba hablando de eso, para mí fue muy angustiante: la complicidad de la sociedad frente a la muerte de otros que consideran fuera de ella por algún motivo”.
Segundo film producido por El Deseo –la productora de Pedro Almodóvar– y el tercero de la cosecha Martel, La Mujer Sin Cabeza cuenta con las actuaciones de María Onetto, Inés Efrón y César Bordón. Una película que dicen prescinde del apuro (como en las anteriores), y como buena narradora, Lucrecia construye una historia que parece en las antípodas de los tiempos de este mundo. Aquí nadie corre, mucho se niega, no se sabe muy bien lo que sucede. Es mejor no saberlo por ahora, aunque dicen poco tiene que ver con esas películas de la nada sobre nada.
Martel dixit: “No me gusta clasificar la película dentro de un género, pero sí podría pensarse como un thriller un poco negro en un ambiente de familias de provincia. Me atrae ese entorno para una película de este tipo (…) Ir hacia el thriller no fue una decisión, sino algo propio de la historia que decidió contar. Es algo que vio Lita [Stantic, productora] al leer el guión; le pareció que tenía ese estilo. Yo trabajo con el mismo sistema que el de las películas anteriores, con estructuras en las que uno maneja la tensión por escenas, que es un sistema de construcción algo diferente. No pienso en un género cuando escribo”.

Mas data de la XII Semana de Cine Argentino en Salta con programa incluido: http://www.culturasalta.gov.ar/content/view/1723/
Otra opción es el blog: http://www.cineargentinoensalta.blogspot.com/

3 de agosto de 2008

Chicas bomba, el lobo ‘death proof’ y la endiablada ruta


Quentin Tarantino, esa bestia fílmica que desde su primer largometraje ‘Reservoir Dogs’/Perros de la calle (1992) no nos pasa por la indiferencia, parió hace ya más de un año una jodida aventura con su inconfundible sello. Esta vez, el plan incluyó apelar al formato grindhouse (doble programa), en tandem con su amigo Robert Rodríguez, para recrear y homenajear a esos viejos films de bajo presupuesto de los ‘60 y ’70. Juntos pero no revueltos, la dupla Tarantino-Rodríguez, asumió el riesgo de gestar dos películas con destino de exhibición doble, lo que les significó chocar con los sistemas de distribución y comercialización de las cadenas de cines de varias latitudes del planeta que rechazaron ajustarse al plan retro, que bien disfrutábamos en los cines cuando éramos niños pero que hoy no entra en los parámetros de comercialización y rentabilidad de las empresas distribuidoras. Dos películas al precio de una, no.
Tras el doble ataque ‘Kill Bill Volumen I’ (2003) y ‘Kill Bill Volumen II’ (2004), Tarantino planeó un proyecto de 2 películas violentas, con dosis de vulgaridad y erotismo retro, citas al cine gore, homenaje a películas basura o cine Z, sangre salpicando hasta las butacas, celuloide rayado, y actores estrella conviviendo con viejas glorias y nuevas caras del nuevo mundo Tarantino. De esa idea germinal, salieron Death Proof, que lleva su firma, y Planet Terror, la de Rodríguez; dos películas que no entrarán al lote de las mejores producciones de ambos directores.
Pero a pesar de ello, hay algo significativo para los tiempos que corren: Tarantino en esta obra levanta banderas de reivindicación feminista –tan ausentes en algunos pretenciosos celuloides de único fin comercial–, saludablemente lejos de los lugares comunes. Hay hermosas mujeres, automóviles espectaculares, mucho rock atronador y sangre por doquier. Es cierto, podría ser los ingredientes para una perfecta película machista pero por el contrario nos encontramos con un Tarantino boceteando un feminismo siglo 21, libertario y desinhibido.
Hay en Death Proof dos partes que incluyen los encuentros de chicas que hablan entre ellas con una naturalidad asombrosa de su propia feminidad, de sus relaciones con los hombres. Hablan, se ríen, bromean, fuman, se pelean Y cuando por momentos hay una cierta sensación de inanidad en el relato, de que no pasa nada salvo en los momentos en que aparece Stuntman Mike (Kurt Rusell) –un doble de riesgo que merodea en un auto ‘death proof’, es decir, “a prueba de muerte” –, ya es tarde. La trampa ha sido tendida.
Desde luego, los tiempos van cambiado; y también la historia del lobo feroz y de las niñas que caen en sus fauces. En Death Proof, las niñas siguen siendo inocentes, pero ahora son guerreras. Y el lobo que es terrible, deberá enfrentarse a bravas muñecas entrenadas en gimnasios o luchas laborales en empresas para sobrevivir en un mundo machista. Ahora se sabe, el lobo devorador puede ser también el lobo devorado.

Dividido casi simétricamente, en la segunda parte, ‘Planet Terror’, el film de Robert Rodríguez, pretende ser lo que termina siendo, una honorable versión de un género postmoderno como el de películas de zombis y mutantes que atacan todo a su paso. La divertida ironía demuestra que hay algo bien vivo entre tanto muertos que viven.
Está bien, admitámoslo. Puede que Death Proof sea una película solo para fanáticos irredentos. Quizá esté algo distante del vuelo de Pulp Fiction (1994) o Jackie Brown (1997). Y lo mismo le pase a Rodríguez con su trash movie de zombis locos y desopilantes. Y si es así, qué.
Lejos de los formalismos academicistas y pequeñoburgeses, Death Proof resulta una pieza donde el revival a otras cintas y autores asoma gustoso, como ‘La noche del cazador’/Charles Laughton –película con la que creo secretamente se une–, ‘Convoy’/Sam Peckinpah, o acaso le vibran ecos de Roger Corman y Russ Meyer. Hay una experiencia cinematográfica rebosante: cortes de pelos, granos, saltos y hasta de un ‘fallo’ del color que deviene en explosión technicolor. Nos trae unas canciones setenteras sazonadas con hipnóticas persecuciones y un genial soundtrack de la DJ Jungle Julia. Y las chicas de buen ver están justas, en especial las sabrosas Sydney Tamiia Poitier (que en un homenaje a su padre se acredita sólo como Sydney Poitier) y Vanessa Ferlito en su jugoso papel de alias ‘Butterfly’. Película endiablada, barata, apasionante, excesiva, sensacionalista, pasajera.

Vale el tributo final a lo femenino que suena en los créditos: ‘Chick habit’, de Serge Gainsbourg versionada por April March: http://es.youtube.com/watch?v=uBCkRRE1iJo&feature=related
Imperdible versión de los legendarios Dave Dee, Dozy, Beaky, Mick & Tich sonando con una de sus mejores y más legendarias canciones ‘Hold Tight:
http://es.youtube.com/watch?v=kD02PU28NNw

9 de julio de 2008

Ceremonia porno



La experiencia del porno en nuestras vidas, desde que asomamos adolescentes a su mundo, ha sido la de una ceremonia privada, íntima. Fue la del descubrimiento de universos posibles como múltiples: desde la experiencia velada, propia, a vivenciar el deseo a través del otro, en los otros, en los cuerpos del ‘otro’ en la pantalla, real en tanto fantasías mediatizadas en esas sucesiones de escenas de sexo en todas sus variantes. El porno ha sido desde siempre llano, brutalmente directo. Y esa experiencia pornográfica subjetiva, la nuestra, no ha sido más que el descubrimiento de nosotros mismos excitados viendo a otros tener sexo, coger, follar.
Envuelto en un velo de tabúes, el porno (sea desde la industria mundial al doméstico de amateurs) nos ha revelado como participantes en condición de voyeurs. Fisgones impúdicos deleitados en la intimidad desde la mirada real vivenciando la fantasía como superadora de nuestros límites/tabúes; la misma que lleva nuestras sensaciones a una plenitud privada con una naturalidad animalmente lógica.
El pudor está ausente. Pero está bien: es bueno que lo esté por su condición de conspirador –resignificado por toda sociedad en base a normas y valores culturales y morales– de la más obscena libertad, necesaria para los cuerpos que desean la perturbación del sexo directo que demandamos.
La imaginación que despierta la escena de dos o más personas cogiéndose entre sí, aun ficticia, aun actuada, revela el misterio de lo obsceno, de lo ‘fuera de escena’. La metáfora se ausenta tan pronto ella se pone, a horcajadas, con la falda subida a la cintura, abre su concha con sus dedos y lujuriosamente su amigo empieza a meter su pija, mientras los estímulos crecen en la escena que se prolonga en distintas posiciones y plano abiertos y cerrados, mostrando al detalle el acto de la fornicación.
Admitámoslo. Decir/escribir/leer/pensar esa secuencia perturba. La imagen dispara sensaciones que sofocan. El rito de la mirada es transformador. Conduce a los múltiples deseos de cautivarse, estremecerse, corromperse, romper la moderación, saltar al exceso, liberarse. “Las sensaciones a posteriori son realmente buenas: después de haberse masturbado o haber cojido intensamente, el clímax deja en trance y enfrenta amablemente con esa imagen de mí que no reconozco como habitual, aunque paradójicamente resulte ser mi propia imagen reflejada. (…) La fuerza de lo que somos se nos mete por dentro como una energía cautivadora y se expande por los rincones de nuestro cuerpo, cargándonos de una sensualidad desbordante”.
La discusión sobre si el arte y la pornografía son categorías excluyentes que no pueden coexistir, aporta Guadalupe Azul a propósito de “La ceremonia del porno”, de Andrés Barba y Javier Montes (Anagrama) abre un debate en este fenómeno: la mirada, que es lo que el espectador pone sobre la obra y prevalece sobre la excitación como aquello que crea la pornografía de una imagen. De cualquier manera, la cuestión más que centrada en la obra, lo está en el/la pornógrafo/a, en el voyeur, en el fisgón, que es en lo que nos convierte esa sucesión de chanchadas que elegimos ver.
El porno en gran medida es liberador. La ceremonia privada es libertaria. Y bien se riñe con la pública e hipócrita negación social que padece. Eso es de otros. Son otros los que lo conciben, lo ofertan, lo consumen. “En cierto modo, esto es verdad: siempre es otro quien consume porno porque incluso uno mismo, cuando consume porno, es otro”. Es que el porno entraña un mundo secreto íntimo, privado, es un ‘fuera de cuadro’ de lo real: es liberación / goce.
Nuestros encuentros –sin cámaras– son en buena parte una ceremonia porno, porque somos ‘otro’ en ese espacio dialéctico del deseo que se consuma en base a miradas, juegos, concesiones, en el acto del que somos actores y espectadores a la vez. Hay, en cualquier caso, una tácita convención de revelación – compromiso – excitación, que acepta el espectador.
“Del acontecimiento, el espectador se ve obligado a dividirse en dos: uno está convencido de la bajeza de su acción y otro se excita de forma efectiva. Mientras el primero juzga, el segundo se rinde. Sucede que mucha gente prefiere ver en una película porno lo que en la vida real no se atrevería a hacer: ‘Yo puedo desear participar en una orgía. Puedo desearlo intensamente como imagen, incluso cuando sé con toda seguridad que verme expuesto a la situación real de una orgía sería todo menos excitante, y que la realidad abriría frente a mí una cantidad no desdeñable de inconvenientes no considerados en la imagen pura que en mí tiene el acontecimiento de una orgía. Si la deseo es porque anulo todo lo que en ella hay de no-excitante. No deseo, en realidad, participar en ella, pero sí deseo (y absolutamente) que se produzca. Eso no significa que desee vivirla por procuración, sino que, sencillamente, deseo que se produzca, lo que es mucho más complejo y está mucho más acorde con las tesis de la pornografía como ceremonia. Deseo asistir al momento en que se produce. Deseo contemplar el momento en el que acontece fuera de mí. Esa manifestación que contemplo (y que no vivo por procuración, pues no deseo participar en ella) es la corroboración de su posibilidad. Corroborar que es posible y que se está dando de hecho (los actores que están reproduciendo una orgía están, a la vez, participando en una orgía real) sostiene la fantasía como tal, y al mismo tiempo la enclava definitivamente en lo real’”.
Para contribuir con gran sutileza y oxigenante mirada a este mundo, ha aparecido en el último tiempo mi estimada Erika Lust, directora de porno feminista de origen sueco y residente en Barcelona, que también reparte su tiempo como productora, autora y feminista. Erika –licenciada en Ciencias Políticas, especializada en estudios feministas y de género, y master en dirección audiovisual– concibió hace poco “Cinco Historias Para Ellas” (Mejor Película del Año en los Feminist Porn Awards de Toronto, 2008); un film compuesto de cinco historias eróticas paralelas, dirigido principalmente a mujeres y parejas.
Ella misma sostiene que su cine constituye un descanso del típico género porno dominado (y concebido) por (y para) la mentalidad (público) masculina. Y lo suyo va de porno femenino y feminista, que desea disipar mitos, estimular a las mujeres a buscar material que esté más en línea con sus propias fantasías, valores e ideales de vida: creando “masturbadoras informadas”, en las propias palabras de Erika.
Definitivamente, Erika me caes muy bien.

– ¿Qué papel tiene el sexo en tu vida? ¿Y en tu obra?
– Pienso, al igual que Henry Miller, que el sexo es una de las nueve razones por las que vale la pena reencarnarse. Las ocho restantes no importan. El sexo es fundamental en mi trabajo para Lust Films, la productora que monté en el año 2004 produciendo espectáculos audiovisuales para adultos con un punto de vista femenino, moderno y feminista. Realizamos películas para mujeres y parejas, series y programas de televisión, documentales, publicaciones en Internet…un nuevo producto editorial y audiovisual con estilo, humor, pasión, glamour, diseño y, por supuesto, sexo.
– ¿En qué lugar tuviste tu primera experiencia sexual?
– En mi propia cama y conmigo misma.


Esa canción nos sienta tan bien, nos puede: “Je t’aime moi non plus”, Jane Birkin & Serge Gainbourg: http://www.youtube.com/watch?v=sHiMDB19Dyc

Fotografías: cuadros de "Cinco historias para ellas" (España). Erika Lust

3 de julio de 2008

Las alas de Handke


Las alas del deseo (fragmento). Peter Handke.
(Der Himmel über Berlin. 1987. Wim Wenders)

"Cuando el niño era niño andaba con los brazos colgando, quería que el arroyo fuera un río, que el río fuera un torrente y que este charco fuera el mar. Cuando el niño era niño no sabía que era niño, para él todo estaba animado, y todas las almas eran una. Cuando el niño era niño no tenía opinión sobre nada, no tenía ninguna costumbre, se sentaba en cuclillas, tenía un remolino en el cabello y no ponía caras cuando lo fotografiaban.
(...)
Cuando el niño era niño no podía pasar las espinacas, los porotos, el arroz con leche y la coliflor salteada. Ahora se lo come todo, y no porque lo obliguen. Cuando el niño era niño despertó una vez en una cama extraña, y ahora una y otra vez. Muchas personas le parecían bellas, y ahora sólo con suerte. Imaginaba claramente un paraíso, y ahora apenas puede intuirlo. Nada podía pensar de la nada, y hoy esta idea lo estremece. Cuando el niño era niño jugaba con entusiasmo, y ahora se sumerje en sus cosas como antes, sólo cuando esas cosas son su trabajo.
(...)
Cuando el niño era niño, las manzanas y el pan le bastaban de alimento, y todavía es así. Cuando el niño era niño, las bayas le caían en la mano sólo como caen las bayas, y ahora todavía lo hacen. Las nueces frescas le ponían áspera la lengua, y todavía es así. Encima de cada montaña tenía el anhelo de una montaña más alta, y en cada ciudad el anhelo de una ciudad más grande, y siempre es así todavía. En la copa del árbol tiraba de las cerezas con igual deleite como hoy todavía lo sigue haciendo. Se asustaba de los extraños, y todavía se asusta; esperaba las primeras nieves, y todavía las espera. Cuando el niño era niño, lanzó un palo como una lanza contra un árbol, y aún hoy vibra todavía".

Nick Cave & The Bad Seeds, desde la banda de sonido original: http://www.youtube.com/watch?v=oZsy6Ekkq0M

"Der Himmel über Berlin"
Alemania, 1987, 130'
Dirección: Wim Wenders
Protagonistas: Peter Falk, Bruno Ganz, Otto Sander, Solveig Dommartin

4 de junio de 2008

Gonzo: The Life and Work of Dr. Hunter S. Thompson


Creador e icono del periodismo gonzo, Hunter Stockton Thompson, ha logrado dar como pocos con el tono descarnado que la verdad extrema tiene, desde su condición de periodista del acontecimiento directo. Lo suyo ha sido meterse en las entrañas de la noticia, convertirse con carne propia en el protagonista de la historia dentro del contexto, hasta con más importancia que la propia crónica, moviéndola, accionándola, hasta su desenlace y desde luego sufriendo sus consecuencias. El mismo Thompson ha hablado de ello como de un hallazgo casual.
Con una adolescencia rotulada por la justicia como de “delincuente juvenil”, luego de su paso por reformatorios, a los 18 en Puerto Rico se hace corresponsal del New York Herald Tribune. El universo poblado de perdedores, escépticos y lunáticos, empezaría a ser parte sustancial de sus crónicas. Luego vendría su experiencia de corresponsal para "National Observer", y ya en Nueva York seguiría su tarea de periodista para revistas como "Esquire", "New York Times", "Nation", "Reporter" y "Harper’s".
La influencia de Hunter S. Thompson (como firmará sus libros) ha sido determinante para gran parte del periodismo de varias latitudes. Autor de libros como “El diario del ron” y “Pánico y locura en Las Vegas” para los argentinos (o Miedo y Asco en Las Vegas) que llevó al cine Terry Gilliam, Thompson fue al periodismo lo que Charles Bukowski sería de alguna manera a la novela. Decía que no escribía novelas, solo crónicas de 200 páginas. Y era cierto.
Su vida fue un vertiginoso viaje cuyos combustibles fueron el alcohol y las drogas de todas las variedades posibles, en las antípodas del sueño norteamericano, o más bien, en las entrañas de la propia locura de ese sueño/pesadilla 'americano'.
“Lejos de mí la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia. Pero debo confesar que, sin todo esto, yo no sería nada”, dijo alguna vez. "El diario del ron" (1966, que aparece en esa primera edición como "Los Ángeles del infierno") revela un estilo de crónica audaz tanto por su escritura como por la temática. Así devenie en el "enfant terrible" de la literatura estadounidense.
Enviado por una revista a realizar un reportaje sobre una carrera de caballos, Thompson y su fotógrafo estaban fumando cuando la ceniza de éste se les cayó sobre el traje de un importante político. Lo que siguió fueron las ropas de aquél que comenzaron a quemarse y los dos periodistas decidieron apagarlo con tierra. “Pasada una semana vino el editor, a quien le habíamos prometido el artículo, a recogerlo. Yo no lo tenía escrito: cuando más consultaba mi bloc de notas, mi mente se quedaba más en blanco. Total, que tuve miedo de que nos quedáramos sin cobrar y le di mis apuntes. Cuando salieron publicados, empecé a hacer las maletas para cambiarme de ciudad, pero todo el mundo empezó a llamarme para decirme que aquello era maravilloso”.
Fue redactor jefe de la sección nacional de la revista "Rolling Stone" entre 1969 y 1974. Y de uno de los reportajes realizados por aquel tiempo acerca de la campaña presidencial de 1972 nace su novela más celebrada: "Miedo y asco en Las Vegas". En sus páginas, el eterno periodista, álter ego del autor en todas sus novelas, acompañado en esta ocasión por un abogado, se lanza con su Chevrolet descapotable a la conquista de Las Vegas. Las drogas más variadas suceden al alcohol en alternancia constante a lo largo de todo el recorrido de estos dos tipos que Gilliam lleva al cine.
Tanto Miedo y Asco en Las Vegas como Miedo y asco en la campaña presidencial de 1972 (una suerte de segunda parte) fueron publicados por entregas en la Rolling Stone. Su libertad y vomitiva anarquía le permitiría ser el único periodista-escritor de la revista que jamás hizo un artículo sobre música. Donde estuviese, siempre era un lugar fronterizo entre la cordura y la locura, despachando sus crónicas ilegibles con su máquina de fax, en el límite de los cierres de redacción, tanto como para que nada de lo que redactaba se pudiese corregir. Lo que se dice, un Thompson en alto estado de pureza.
La cosa es que por estos días tendremos nuevas noticias del gran Thompson. El próximo 4 de julio se estrenará en Estados Unidos Gonzo: The Life and Work of Dr. Hunter S. Thompson. Se trata de un documental que retrata al periodista-escritor, dirigido por Alex Gibney, director de Enron. Los Tipos que Estafaron a América y ganador del Oscar por Taxi al Lado Oscuro. El documental se presentó en el último Festival de Sundance, y su narrador es Johnny Depp, que interpretó a Thompson en Miedo y Asco en Las Vegas.
Vale la pena ver el trailer de este film que repasa esa locura que fue Thompson y que Gibney llevó al documental.
Está en: http://www.apple.com/trailers/magnolia/gonzo/hd/

14 de mayo de 2008

La oscura intimidad

“Ella viene a verle los miércoles por la tarde y únicamente quiere sexo. El taxi la espera. No hablan de nada en particular y hay silencios en los que sólo se miran. Pero ninguno de los dos quiere retirarse y algo ocurre entre ellos porque se incorporan a la vez y, sin decir nada, se tumban al lado de la mesa.
A la misma hora de la semana siguiente se presenta de nuevo en la puerta. Se desvisten inmediatamente. Ella se marcha, sin haber dormido, pero él ha notado cómo daba cabezadas antes de obligarse a despabilar. No tiene idea de dónde vive ni de dónde procede.
Ya no viene a la casa sino que baja directamente al sótano que él no puede permitirse amueblar y donde ha puesto en la moqueta mantas y edredones. Una habitación donde todo está permitido menos la claridad. Si el sexo es una forma de conocer a otras personas ¿qué sabe de ella?”.
La sinopsis es letra pura del gran Hanif Kureishi acerca de “Nightlight”, que terminaría tomando forma bajo el título de “Intimidad” (Intimacy), film del francés Patrice Chereau circa 2001. Y Kureishi no es otro que el de aquella esencial ‘El budha de los suburbios’ y ‘Album negro’ y también guionista de ‘Mi hermosa lavandería’, ‘Sammy y Rosie van a la cama’ y de la reciente ‘Venus’.
Ambos, en esta “brutal historia de la noche en la que un hombre abandona a su mujer e hijos y se funde con la historia del hombre que ha olvidado cómo amar”, consiguen –uno aportando una novela y un cuento y el otro fusionándolos– desnudar con crudeza la desazón de los amantes físicos, íntimos, desconcertados con sus propias vidas y sus propias soledades.
Chereau cuenta que tenía la historia de un hombre que “malvivía en un sótano de Londres y tenía una relación secreta y silenciosa con una mujer que iba a su casa cada miércoles a una hora concreta. Hacían el amor y no hablaban. Aquí es dónde arranca la historia”. Y enloquecidas seguían las preguntas: ¿Quiénes son? ¿Qué quieren y cómo van a seguir? ¿Cuándo aparece el amor en su “juego amoroso”? ¿Qué significa hacer el amor con una persona? Y ¿qué significa formar una pareja? ¿Durante cuánto tiempo?.
Aprendemos solo de nosotros mismos, de los caminos que elegimos, aunque no siempre. La complejidad de las relaciones humanas en el mundo que nos toca vivir tiene en el sexo una indagación inquietante sobre cómo juega en ese mundo de relaciones que establecemos. Aquí quizás se trate de seres agobiados, desesperados y temerosos de sus propias vidas, de su intimidad, de correr riesgos.
Con algo de todo seguramente sin aceptarlo, y hasta quizás desconociéndolo o sumiéndolo en el silencio interior, debemos ir por la vida.
Kureishi, dueño de una obra exquisita como novelista y guionista, apuntaba tiempo atrás que “entre la clase media de la Gran Bretaña actual, el pensamiento y la discusión son casi actividades tabúes. El otro tabú, que ha reemplazado a la muerte en su inaceptabilidad, es el dinero. A medida que nuestra sociedad se ha ido dividiendo, el reconocimiento de tal división -que es de carácter financiero, un asunto de poder económico- está fuera de lugar. Por lo tanto, no se habla de dinero.
Junto con este silencio financiero, y apuntalando más la división social y el tabú, está la prohibición de pensar. La discusión sobre un tema serio, hasta llegar a una conclusión por medio de la lógica, o la presentación de argumentos y réplicas son una vergüenza social inaceptable. Simplemente, no se discute; viene a ser más o menos tan inútil como remar. En Inglaterra la gente tiene opiniones, pero se forman en privado y se mantienen en público pese a todo, aunque a menudo son muy equivocadas.
Existe una inseguridad y una postura defensiva reales, un miedo victoriano a revelar los genitales de una idea, el pezón de un conocimiento o el sexo de un silogismo. Mientras que el exhibicionismo sexual y la discusión sobre posturas y eyaculaciones está de moda, es lo ortodoxo, el pensamiento y el debate son evitados”.
No sé que he estado pensando todo este tiempo. La verdad agobia como la mentira, pero lo que es seguro es que la primera esclarece, da luz, aclara.
Sea bienvenida la palabra, la voz que habla, que dice, que confronta, que inquiere, que pronuncia, que alumbra la oscura intimidad de nuestros propios sótanos abriendo todas las ventanas de casa.

27 de abril de 2008

Mujer con cabeza va a Cannes


Salud Lucrecia! Qué decir cuando nos enteramos que nuevamente la inquietante mujer que concibió la magistral “La Ciénaga” y “La Niña Santa”, pisará la alfombra roja de Cannes, esta vez con su tercer film “La Mujer sin Cabeza”. Escrita en solitario, realizada como sus antecesoras en Salta, y coproducida por El Deseo (la productora de los hermanos Almodóvar), la nueva película de la salteña empieza de lo lindo a abrirse paso, nada menos que en la competencia oficial en la 61 edición del Festival Internacional de Cine de Cannes, que se desarrollará del 14 al 25 de mayo. Haremos hinchada por ti (y por Pablo Trapero también).
La sinopsis de “La mujer sin cabeza” dice que una mujer con su auto atropella a un perro en la ruta. El animal muere. “[Ella queda] en un raro estado de conmoción, que hace que todos sus vínculos con las personas que conoce se enmarquen en una especie de extrañamiento. En los días posteriores al accidente, ella va desentrañando cosas de sí misma y de todo su entorno”. Así define Martel de qué va la historia de este film.
“No me gusta clasificar la película dentro de un género, pero sí podría pensarse como un thriller un poco negro en un ambiente de familias de provincia. Me atrae ese entorno para una película de este tipo. Ir hacia el thriller no fue una decisión, sino algo propio de la historia que decidió contar. Es algo que vio Lita [Stantic, productora] al leer el guión; le pareció que tenía ese estilo. Yo trabajo con el mismo sistema que el de las películas anteriores, con estructuras en las que uno maneja la tensión por escenas, que es un sistema de construcción algo diferente. No pienso en un género cuando escribo”.
En una entrevista que otro coterráneo, el poeta Carlos Juárez Aldazábal, le hizo hace algunos años a Martel para la revista española Teína. Allí le preguntaba si para ella hay un cine que quiere develar algo.
“Yo misma quiero develar algo, pero no es algo especial que quiero decirle al espectador, no es el mensaje. Como yo entiendo el cine, uno propone una historia y cuando la presenta ante el público espera que el espectador pueda ver las emociones y las ideas. Una película es un organismo que está construido con muchos dispositivos, una cosa sumamente compleja. Una especie de monstruo multifacético que en su accionar tiene consecuencias insospechadas. Siempre espero que en el intercambio con el espectador se produzca algún tipo de develamiento. El cine pretende eso. La poesía pretende eso. Todos, cuando expresamos, esperamos —aunque sea por un segundo— algo, una revelación sobre la existencia, un fragmento de divinidad —si es que aún queda—. Y eso no me parece una ambición desmedida, no me parece pretencioso”.