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12 de abril de 2009

Juego sucio


"Se que el amor es un juego sucio; tienes que mancharte las manos. Si te mantienes a distancia, no sucede nada interesante. Además, debes encontrar la distancia adecuada entre las personas. Si están demasiado cerca, te aplastan; si están demasiado lejos, te abandonan"

Hanif Kureishi (Intimidad)



Encuentro unos apuntes viejos, hilvanados de palabras absurdas. El tiempo, como el amor, empiezo a entender, obra misteriosamente. He dejado de hacer balances hace mucho. Quizá sea mi cierto grado de inconsciencia la que me lo impida. Nada ha terminado y todo siempre está empezando, como si hubiera un latente fin y un principio a la vez. Creo que todos estamos mas o menos caminando por una cinta de Moebius.
He dejado de ser niño hace mucho y sin embargo por momentos siento que aún camino a tientas, abriéndome en la oscuridad. Todos de alguna manera lo hacemos, cada uno a su modo. A veces me parece que crecer, dejar atrás la infancia, la inocencia, ha sido como ir saliendo de un campo abierto, soleado, para adentrarse en un bosque ensombrecido por árboles que en vez de copas tiene secretos y verdades que vamos conociendo a medida que crecemos. Sombras que nos guarecen, inevitablemente. Y solo el andar nos aleja de ellas.
“La historia de la memoria es la de la mirada” dice Auster en algun lado, no recuerdo dónde, dándonos pistas de la necesidad de narrarnos, de construir nuestro propio relato, simbólico, como animales del lenguaje que somos. De hacernos a nosotros mismos, mientras podamos. Esto, si lo pensás bien, no es más que eso. Y es todo esto que somos: escrituras, caligrafías físicas, narraciones que nos develan, cuerpos-relatos, descubrimientos de lo que somos, desciframientos borgeanos, laberintos, enigmas, lo que no conocemos, lo que develamos, la historia que construimos en nosotros, y en los otros.
Después de todo, la lucha de la memoria es contra el olvido. Es como dejar la escollera atrás, hacerse a la mar, al camino, saber que los días y las noches serán largas, lo suficientes para narrarnos en la bitácora.
Como mirarse a uno mismo desde su propio vacío. Kundera dice que “lo que solo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre solo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto”.
La noche afuera me lleva a tus adentros.

….

“Sintió en su boca el suave olor de la fiebre y lo aspiro como si quisiera llenarse de las intimidades de su cuerpo. Y en ese momento se imaginó que ya llevaba muchos años en su casa y que se estaba muriendo. De pronto tuvo la clara sensación que no podría sobrevivir a la muerte de ella. Se acostaría a su lado y querría morir con ella. Conmovido por esa imagen hundió en ese momento la cara en la almohada junto a la cabeza de ella y permaneció así durante mucho tiempo.... ....Y le dio pena que en una situación como aquella, en la que un hombre de verdad sería capaz de tomar inmediatamente una decisión, él dudase, privando así de su significado al momento mas hermoso que había vivido jamas (estaba arrodillado junto a su cama y pensaba que no podría sobrevivir a su muerte).Se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera que quería: El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero que valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro”.

“La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes”.

“Este fue el interrogante que se planteó Parménides en el siglo sexto antes de Cristo. A su juicio todo el mundo estaba dividido en principios contradictorios: luz-oscuridad; sutil-tosco; calor-frío; ser-no ser. Uno de los polos de la contradicción era, según él, positivo (la luz, el calor, lo fino, el ser), el otro negativo. Semejante división entre polos positivos y negativos puede parecernos puerilmente simple. Con una excepción: ¿qué es lo positivo, el peso o la levedad? Parménides respondió: la levedad es positiva, el peso es negativo. ¿Tenía razón o no? Es una incógnita. Sólo una cosa es segura: la contradicción entre peso y levedad es la más misteriosa y equívoca de todas las contradicciones”.

‘La insoportable levedad del ser’ (1984). Milan Kundera.

14 de mayo de 2008

La oscura intimidad

“Ella viene a verle los miércoles por la tarde y únicamente quiere sexo. El taxi la espera. No hablan de nada en particular y hay silencios en los que sólo se miran. Pero ninguno de los dos quiere retirarse y algo ocurre entre ellos porque se incorporan a la vez y, sin decir nada, se tumban al lado de la mesa.
A la misma hora de la semana siguiente se presenta de nuevo en la puerta. Se desvisten inmediatamente. Ella se marcha, sin haber dormido, pero él ha notado cómo daba cabezadas antes de obligarse a despabilar. No tiene idea de dónde vive ni de dónde procede.
Ya no viene a la casa sino que baja directamente al sótano que él no puede permitirse amueblar y donde ha puesto en la moqueta mantas y edredones. Una habitación donde todo está permitido menos la claridad. Si el sexo es una forma de conocer a otras personas ¿qué sabe de ella?”.
La sinopsis es letra pura del gran Hanif Kureishi acerca de “Nightlight”, que terminaría tomando forma bajo el título de “Intimidad” (Intimacy), film del francés Patrice Chereau circa 2001. Y Kureishi no es otro que el de aquella esencial ‘El budha de los suburbios’ y ‘Album negro’ y también guionista de ‘Mi hermosa lavandería’, ‘Sammy y Rosie van a la cama’ y de la reciente ‘Venus’.
Ambos, en esta “brutal historia de la noche en la que un hombre abandona a su mujer e hijos y se funde con la historia del hombre que ha olvidado cómo amar”, consiguen –uno aportando una novela y un cuento y el otro fusionándolos– desnudar con crudeza la desazón de los amantes físicos, íntimos, desconcertados con sus propias vidas y sus propias soledades.
Chereau cuenta que tenía la historia de un hombre que “malvivía en un sótano de Londres y tenía una relación secreta y silenciosa con una mujer que iba a su casa cada miércoles a una hora concreta. Hacían el amor y no hablaban. Aquí es dónde arranca la historia”. Y enloquecidas seguían las preguntas: ¿Quiénes son? ¿Qué quieren y cómo van a seguir? ¿Cuándo aparece el amor en su “juego amoroso”? ¿Qué significa hacer el amor con una persona? Y ¿qué significa formar una pareja? ¿Durante cuánto tiempo?.
Aprendemos solo de nosotros mismos, de los caminos que elegimos, aunque no siempre. La complejidad de las relaciones humanas en el mundo que nos toca vivir tiene en el sexo una indagación inquietante sobre cómo juega en ese mundo de relaciones que establecemos. Aquí quizás se trate de seres agobiados, desesperados y temerosos de sus propias vidas, de su intimidad, de correr riesgos.
Con algo de todo seguramente sin aceptarlo, y hasta quizás desconociéndolo o sumiéndolo en el silencio interior, debemos ir por la vida.
Kureishi, dueño de una obra exquisita como novelista y guionista, apuntaba tiempo atrás que “entre la clase media de la Gran Bretaña actual, el pensamiento y la discusión son casi actividades tabúes. El otro tabú, que ha reemplazado a la muerte en su inaceptabilidad, es el dinero. A medida que nuestra sociedad se ha ido dividiendo, el reconocimiento de tal división -que es de carácter financiero, un asunto de poder económico- está fuera de lugar. Por lo tanto, no se habla de dinero.
Junto con este silencio financiero, y apuntalando más la división social y el tabú, está la prohibición de pensar. La discusión sobre un tema serio, hasta llegar a una conclusión por medio de la lógica, o la presentación de argumentos y réplicas son una vergüenza social inaceptable. Simplemente, no se discute; viene a ser más o menos tan inútil como remar. En Inglaterra la gente tiene opiniones, pero se forman en privado y se mantienen en público pese a todo, aunque a menudo son muy equivocadas.
Existe una inseguridad y una postura defensiva reales, un miedo victoriano a revelar los genitales de una idea, el pezón de un conocimiento o el sexo de un silogismo. Mientras que el exhibicionismo sexual y la discusión sobre posturas y eyaculaciones está de moda, es lo ortodoxo, el pensamiento y el debate son evitados”.
No sé que he estado pensando todo este tiempo. La verdad agobia como la mentira, pero lo que es seguro es que la primera esclarece, da luz, aclara.
Sea bienvenida la palabra, la voz que habla, que dice, que confronta, que inquiere, que pronuncia, que alumbra la oscura intimidad de nuestros propios sótanos abriendo todas las ventanas de casa.